domingo, 8 de julio de 2018

CRESTOMATIA DE AUTORES GRIEGOS ANOTADOS


Me acaban de regalar el libro que veis a la derecha, Crestomatía de autores griegos anotados de Álvaro Ibánez Chacón y, como me ha parecido un material interesante, aquí os dejo una pequeña reseña.

Antes de pasar al cuerpo del libro, unas palabras sobre el prólogo y la presentación, que siempre son textos muy interesantes para ver por donde van los tiros (y con algún que otro punto divertido) en este tipo de obras.

El prólogo comienza, en palabras del autor, con una larga disquisición sobre la mejor manera de estudiar la filología clásica y con la aclaración de que no es lo mismo enseñar griego (clásico, entiéndase) que enseñar Filología griega, así como que es esto último lo que hacemos o debemos hacer en la Universidad. No aclara muy bien dónde hay que aprender entonces griego clásico, pero bueno, supongo yo que será en los liceos, donde sí tienen su lugar esos métodos inductivo-contextuales tipo Athenaze y otros métodos “naturales” (las comillas no son mías) como Aléxandros o Polis. Total, ya llegarán los alumnos a la Universidad y aprenderán de verdad griego clásico con gente más seria y competente, digo yo, y como a Nietzsche le hubiera gustado. Más allá de la idea de identificar el estudio del griego clásico con el de la filología clásica (como si no hubiera gente con ganas de lo primero y sin ningún interés por lo segundo) tan típica de los medios académicos, me gusta la insistencia del prologuista en la necesidad de renovar los métodos y los cánones de autores.

Por su parte en la presentación el autor, después de la alabar los gloriosos prolegómenos de este tipo de crestomatías - a saber, las ínclitas antologías de F.R. Adrados, a las que en un exceso de lirismo denomina joyas (?) de espíritu innovador (???) y práctico (????????) - pasa a describir la disposición de la obra y el criterio que ha seguido para la selección de los textos y de las anotaciones. 

Aunque tampoco se dice claramente en la presentación (continuamente se juega con la idea de identificar lectura con traducción, metonimia suprema de los estudios clásicos) tengo la impresión de que se trata de textos para traducir; el autor mismo no solo incluye en las introducciones individuales a los textos una lista de traducciones, sino que no tiene reparo en indicar que ha dejado los textos con sus indicaciones de parágrafo a fin de facilitar la localización de los pasajes en las correspondientes traducciones. Tanta sinceridad se me antoja un punto deprimente, pero, en fin, es lo que hay, al parecer.

Con esto último relaciono el tema de las anotaciones. El autor tiene la osadía de afirmar que sus aclaraciones (las de las antologías de Adrados) serían incomprensibles para los estudiantes actuales (como si en su época hubieran sido comprensibles), pero no aclara en qué se diferencian las suyas. Personalmente, aunque tenía la firme intención de leer todas las notas, dejé de hacerlo enseguida. Me parece que están todas dirigidas a la traducción, generalmente indicando la palabra que hay que buscar en el diccionario (formas verbales, sobre todo, que no sabe uno por dónde empezar) o señalando ya directamente la traducción. Personalmente, siempre me ha chocado este tipo de práctica. Abramos, por ejemplo, el libro por el texto de Polibio. Algunas de la primeras notas son que συνέβη es un aoristo de συμβαίνειν y πεσεῖν infinitivo de πίπτειν. Verdaderamente ¿Una persona que se propone leer a Polibio puede permitirse el lujo de ignorar que συνέβη es un aoristo de συμβαίνειν y πεσεῖν infinitivo de πίπτειν?... o puesto de otra manera ¿Una persona que ignore que συνέβη es un aoristo de συμβαίνειν y πεσεῖν infinitivo de πίπτειν puede plantearse seriamente la lectura de Polibio con un mínimo de éxito (no voy ya a añadir de disfrute, que no va de eso la cosa, ya lo sé)? En resumen, diferencia abismal entre los textos y los conocimientos de griego clásico que se le presuponen al lector de las notas.

Pasando a los textos, tengo que decir que es lo mejor del libro con mucho. Cubren diez siglos de la lengua griega (felicidades al autor por la amplitud de miras) y los hay de todo tipo: históricos, mitológicos, novelas románticas, bíblicos, biografías, curiosidades variadas, mirabilia... También se ha dejado de lado el prejuicio tan académico de autores de primera, de segunda o de tercera según su calidad literaria o el siglo en que los parieron sus madres.  Si se tiene un nivel de griego no demasiado elevado ( no son en absoluto textos difíciles) el libro se convierte en una lectura variada y apasionante y que además abre las puertas a autores desconocidos que pueden llegar a ser -¿por qué no? - lecturas tan interesantes como los clásicos que cagan mármol, como indica el prologuista.


En definitiva, una crestomatía muy superior a las originales de los Padres de la Filología Clásica en España, como los denomina el autor en otro exceso de arrebatamiento lírico. Ahora bien, yo la recomendaría solamente a aquellos estudiantes que hayan concienzudamente terminado los dos tomos de Athenaze, o método similar, como un complemento de lectura (del verbo leer, exclusivamente) muy enriquecedor y dejaría de lado las anotaciones (con lo que se podría incluso ampliar la selección de autores) así como la necesidad de cumplir con todas estas parafernalias académicas (traducciones, diccionarios, textos muy por encima de nuestras posibilidades, análisis sintácticos y gramaticales, etc) que, al parecer, continúan siendo indisolubles no solo del estudio de la Filología griega sino también del de la lengua griega.

2 comentarios:

  1. Muy interesante y útil el comentario. Lo que me he podido reír. Eso sí, estoy seguro de que si el autor de la susodicha antología lo lee no va a entender de qué estás hablando. Ellos siguen en sus mundos de Yupi... Tú eres un capo, hermano.

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  2. joer, ahora que lo dices, espero que no lo lea, no :) De todas formas, yo me mantengo en mi opinión: buena antología para los lectores con el nivel necesario, disparate para aprender griego (y ya traduciendo, ni te cuento...) Gracias por comentar.

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