domingo, 8 de mayo de 2016

O TEMPORA (HOMENAJE A LOS IDIOMAS QUE SE NOS FUERON)

Recuerdo que cuando empecé a trabajar eran los primeros años de la eso y la debacle de las asignaturas de griego y latín. Lo que se hacía por aquel entonces (y no es comento lo que os cuento; anduve por muchos institutos y son cosas quae ipse miserrima vidi) era lo siguiente: se vaciaban los seminarios de clásicas para colocar en su lugar algún laboratorio de idiomas (entiéndase idiomas como un eufemismo por cierto idioma), sala de fumadores (todavía quedaba de esa fauna por aquel entonces), cuarto trastero o cualquier otra pieza vital para la infraestructura del instituto. Los libros de latín se llevaban al seminario de filosofía o al de religión (ya sabéis, latín y curas…). No tengo nada contra los profesores de religión, pero no os hacéis idea de las veces que me he tenido que tragar el apasionado recital de la traducción latina del πάτερ ἡμῶν por parte del seminarista de turno. De ahí a las filigranas del mantuano, el barroquismo del arpinate o el conceptismo del paduano no hay nada, oiga.

Lo de los libros de griego era peor, claro. Se amontonaban en cajas en algún ángulo oscuro de la biblioteca a la espera de la mano de nieve que sabe arrancarlos. Tampoco se atrevían a tirarlos porque, al fin y al cabo, eran –hasta cierto punto- libros. Vamos, que en cuanto se enteraban de que el friki de turno (es decir, el abajo firmante) que daba nosequé memez (no recuerdo cuál, pero seguro que mucho más útil que el griego) estaba interesado en ellos, se les abría el cielo y me los ofrecían manibus plenis. 

Tampoco os penséis que había demasiada cosa interesante: libros de textos de cuando Sócrates hizo la mili; los ínclitos ejercicios de Hélade, que estaban en TODOS los seminarios  (a veces pienso que debería haberme llevado todos, venderlos al peso y vivir de las rentas); el primer tomo del libro bilingüe aquel de Jenofonte que empiezaba más o menos De Fulanito y Menganita nacen dos churumbeles... y de ahí no pasabas; la edición anotada de Gredos de la Apología de Sócrates (por cierto, que este libro tiene la curiosa característica de incluir unas notas aclaratorias mucho más incomprensibles que el mismo texto. Os puedo asegurar que, después de tantos años, cuando me da por hojearlas, me siguen resultando tan completamente indescifrables como el primer día y siempre digo que sería un libro genial si incluyera un apéndice con notas aclaratorias a las notas aclaratorias)… y pare usted de contar. (No incluyo en la categorías de libro las ubicuas ediciones de clásicos de Oxford, Bidé y demás porque eran, más bien, parte de la decoración) 

Como compruebo que de unos años a esta parte está sucediendo lo mismo con el francés (este año me he puesto morado a llevarme libros de francés deshauciados del insti), me ha parecido bien unir los dos idiomas que se nos han ido (o nos los han echado, más bien) por la puerta trasera y compartir con vosotros un método de griego en francés llamado EURISKO salvado de la quema berlinesca. Y no sólo por contener textos interesantes, sino también para demostrar que hubo un tiempo en que no todo el monte era orégano en nuestros liceos.

Ante todo quiero dejar bien claro que confío plenamente en las capacidades de nuestros políticos en materia de educación. Son unos perfectos profesionales que no permitirían jamas que criterios de conveniencia o connivencia política ajenos a la educación afectaran sus decisiones y que, si han eliminado (o están en ello) estas opciones, es para resultar en una ampliación de la diversidad y en un enriquecimiento de los horizontes culturales del alumnado. Además, han conseguido un ordenador para cada alumno. Entre eso y el placer de leer a Platón o poder cantar la Marsellesa a pleno pulmón, la elección está clara.

En fin, que ya lo decía Cicerón: O tempora, o mores!... ¡Oh, tiempos de los moros!


(entrada reciclada del blog HELLENIZO)




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